Así, cabe preguntarse por qué el principal desarrollador de una pieza de software tan sensible y popular “va a la quiebra”. ¿Problemas de juego? ¿Derroche sin más? Porque un programador de ese calibre, en esa posición, debería cobrar lo suyo y más en Alemania, país de Koch. Pero la pregunta adecuada no es por qué va a la quiebra o cuánto cobra, sino de qué vive este hombre. ¿De qué vive -repetimos- el principal desarrollador de una pieza de software tan sensible y popular como GPG? La respuesta, desafortunadamente, es que nadie le pagaba por su trabajo: vivía de la caridad, de las donaciones. ¿Suena duro? Es aún peor.


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