El 29 de noviembre de 1972, hace ahora 40 años, un extraño artilugio salía del taller de Atari, por aquel entonces una jovencísima empresa que pretendía prácticamente inventar un nuevo mercado, con conceptos y aparatos como los videojuegos, las videoconsolas y las máquinas recreativas de videojuegos.

Se llamaba Pong y era un enorme armario de madera con un tubo de rayos catódicos en blanco y negro a modo de pantalla, unas palancas a modo de mandos y una ranura en la que echar monedas. Esos fueron los humildes comienzos de una compañía pionera fundada por Nolan Bushnell y Ted Dabney en Estados Unidos el verano de ese mismo año. El juego en sí lo desarrolló Allan Alcorn, un ingeniero cuyo nombre también ha pasado a los anales de la informática y la industria del entretenimiento.


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